Envuelta por mil capas encontré ayer a mi alma...

Lloraba porque decía no conocer el mundo.

Protegida por mis razones, nunca dejé que se mostrara.

Maldito corazón!, que abandonó mi voluntad,

para llevarla lejos de donde pudiera controlarla...

Ahora descanza en un manto de sinceridad, explorando aquellas cosas que desconoce.

Tal fue su curiosidad, que descubrió que mis sentimientos,

eran dueños de mis ansias y las razones,

escondían palabras del corazón; pece a mis temores:

el alma, desnuda, confesó...